MODERNIDAD, POSMODERNIDAD Y CULTURA EN VENEZUELA
Según Ballart “El paso del tiempo produce en los hombres la noción de pasado, noción que se contrapone a la de presente. Del pasado llegan objetos y, claro estas informaciones e ideas. Los objetos en concreto sirven muy especialmente para poner de manifiesto claramente ante las personas las nociones de continuidad y cambio entre pasado y presente, porque son evidentes entre si mismos y porque duran. Para llegar a distinguir perfectamente entre pasado y presente la humanidad ha debido trabajar arduamente, ha debido crear muchos objetos, los suficientes como para que, a través de los mismos, pudiera ver facilitada la capacidad de distinguir.
Para referirse a aquello que se recibe del pasado se utiliza el término de herencia. Herencia y patrimonio son dos nociones estrechamente relacionadas.”(Ballart, 1997:17) es por ello que se hace tan importante, porque pertenecen a nuestra herencia cultural, y al defender nuestra herencia exaltamos, nuestra identidad cultural, nuestro patrimonio cultural.
Al hacer un repaso por la historia de Venezuela en diferentes periodos podemos decir que, el positivismo fue una puerta hacia el modernismo cultural, cuya tendencia fue la de formar una ideología al servicio del liberalismo político y anticlericalismo, es decir, contra la filosofía católica, contra la enseñanza limitada o estrecha de las universidades, contra la política entendida y practicada como oficio lucrativo.
Las características del positivismo venezolano difieren del positivismo en el resto de Latinoamérica, ya que aquí, se centra en la explicación histórica-sociológica de la realidad del país. Se interesa por el problema de las razas y da preferencia a los estudios etnográficos y antropológicos.
La cultura como tal, es algo sumamente profundo y confuso, nunca puede ser marginal, o resultado del ocio o la bohemia, la cultura y el patrimonio como parte de ella, pertenece al pueblo, al soberano, o como queramos llamarle, la principal relación de la cultura es el desarrollo, el crecimiento y maduración, es decir, la organización y el funcionamiento de las relaciones ciudadanas. “Tiene que ver con la creación de vida y libertad, con el progreso social. Cultura es saber defenderse del Mal de Chagas o salir de la crisis económica que nos invade, elevar la producción agrícola-ganadera o cualificar las universidades. La cultura es ese espíritu vital que eleva el nivel de las naciones y se traduce en dignidad moral.” (VILDA CARMELO: 1993, p.5)
Sin embargo, al analizar todos estos períodos y como ha sido interpretada la cultura y la modernidad en cada uno de ellos, podríamos decir que en la actualidad, pleno siglo XXI y en una época llamada pos- moderna, nosotros venezolanos, seguimos teniendo los mismos problemas, complejos y deficiencias que teníamos en la época pos colonial, cuando la gran disculpa era la depresión en la que se encontraba el país después de una posguerra. En la actualidad, cuando se intenta crear una conciencia cultural nacional y tratar de que nos arraiguemos a ella, se nos cuestiona y juzga.
Nuestro mayor problema sigue siendo, la falta de conciencia e interés para volver la vista atrás y analizar e interpretar nuestro pasado para aprender de nuestros errores y asumirlos sobreponiéndonos a ellos, el desconocimiento de nuestra historia, de nuestro patrimonio, ha llevado al desarraigo, a la “falta de identidad”, que no es más que la no-apropiación de lo nuestro, nos seguimos dejando influenciar por una cultura importada, desvalorizando y subestimando nuestro propio principio, queriendo ocultar la realidad por el simple hecho de que al aceptarla no sabríamos como asumirla. Si bien es cierto que los venezolanos somos una raza fuerte y luchadora, también lo es que la gran mayoría vivimos desmemoriados como si la patria aún estuviera comenzando. Debemos dirigir la búsqueda y comprensión de Venezuela desde dentro, desde cada uno de nosotros mismos, desde esa interioridad que será quien proporcione el seguimiento de nuestro proceso cultural patrimonial como pueblo, como historia, como nación, y esto solo lo haremos posible una vez que comprendamos nuestro difícil, pero magnifico origen: el mestizaje.
A principios del siglo XXI, se cuenta con inmensas fuerzas productivas. Los avances simultáneos en la informática, robótica, telecomunicaciones y otra áreas han determinado la ruptura cualitativas en las posibilidades de producción, ampliándose el continuo crecimiento hacia el futuro.
No en tanto, nos encontramos frente a una gran paradoja: ante tanta modernidad o avance científico tecnológico, millones de personas carecen de lo indispensable y viven en extrema pobreza, otra cuantas sin servicios de agua potable o cableado eléctrico.
Alcanzar la meta del desarrollo económico y social es cada vez más viable, en términos de tecnología y potencial productivo pero, contradictoriamente el objetivo se halla cada vez más lejos de un gran número de la población en diversas áreas del mundo y en especial de América Latina.
En Venezuela, este proceso no ha sido ignorado. Vivimos en un país rico, con cierto nivel de avances tecnológicos y científicos, pero esto lejos de acercarnos a un propósito nos envuelve en una gran incertidumbre, ya que tenemos dos corrientes que lejos de ir hacia una misma meta van por caminos paralelos: “lo que queremos y lo que tenemos” o “el ideal de país y la realidad de país”.
Sea a nivel político, económico, social; ningún estrato de la sociedad se ha percatado (aunque no niego que lo hayan intentado) de la verdadera situación del venezolano. El hecho de que gran parte de nuestra sociedad tiene una percepción limitada de la realidad y que en este caso forman parte de la clase pudiente o de poder social, económico y cultural, lejos de ayudar a enfrentar los cambios ha entorpecido el proceso.
La cultura ha pasado a ser lo último en explorarse y explotarse sin darnos cuenta que se ella se puede fomentar el desarrollo económico del país y a la vez contribuir de una u otra forma con el desarrollo social y moral de los ciudadanos; claro está manejando el concepto de cultura como un “todo” , ya que ésta cruza todas las dimensiones del capital social de una sociedad y ella en si misma formaría parte de una cohesión social; ya que en ella las personas pueden identificarse, hallar una identidad, crecer en conjunto y desarrollar una autoestima colectiva como pueblo y nación.
Debemos dejar de ser NO funcionales y comenzar hacer a crear nuestra propia modernidad, ¿cómo? Trazándonos objetivos y alcanzándolos, preparándonos más y mejor como seres humanos íntegros de pensamiento y acción, retomando patrones de conducta perdidos por el aumento de la vida acelerada que se lleva en ciudades “modernas o modernizadas”. Necesitamos más dominio sobre la naturaleza y más orden social.
domingo, 29 de julio de 2007
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